12.11.11

Europa, europa...

Ara més que mai, a mesura que els polítics son forçats a sortir d'escena i que autoanomenats tecnòcrates ocupen el seu lloc per dirigir els destins dels seus ciutadans; ara que sembla que la conseqüència de la crisi serà menys democràcia, menys drets i menys benestar, quan semblava, poc després d'esclatar aquesta, que l'únic horitzo possible era major democràcia i reforma profunda del capitalisme per posar l'economia al servei de les persones; ara que el somni d'Europa, de la política en majúscules, sembla trontollar, cobra sentit recuperar la resolució que IniciativaVerds-EQUO va aprovar el passat 1 d'octubre i que transcric a continuació:


Per una Europa forta, democràtica i social. Per un govern d'Europa.

Davant es atacs constants que des de fa tres anys sofreixen les economies dels països europeus, especialment les de Grècia, Portugal, Itàlia i Espanya, provocats per la cupiditat irresponsable i, sembla, criminal dels anomenats mercats financers,

Davant les condicions imposades per aquests mateixos mercats a les polítiques d'aquests països, que en cap moment han estat guiades per l'interès general, i que poden qualificar-se de cop d'estat financer,

Davant els desequilibris que tot això produeix en el funcionament de l'Unió Europea, exacerbant el nacionalisme i la insolidaritat, que reflecteixen en gran mesura les insuficiències en termes de governabilitat democràtica de l'UE, i que posen en perill un projecte altament exitós de pau i estabilitat durament construït després de dues guerres mundials,

Davant l'evidència que totes aquestes circumstàncies estan agreujant la situació de la major part de les persones d'aquest país i d'aquest continent, expulsant a un gran nombre de famílies de la classe mitjana, condemnant a moltes altres a una situació de misèria i manca de perspectives, negant i desmantellat uns drets socials que fins fa poc semblaven indiscutibles i destinats irremissiblement a créixer,

Davant la possibilitat cada cop més innegable que aquesta situació afavoreixi l'emergència d'actituds i polítiques discriminatòries, d'exclusió i divisió,

IniciatiaVerds-EQUO defensa i demana l'aprofundiment de la democràcia i el govern polític d'Europa com una de les mesures imprescindibles per a fer front a aquesta situació.

Espanya no se'n sortirà tota sola. Únicament una Europa unida, conscient dels seus interessos comuns i dels perills que els amenacen, amb una política econòmica, fiscal i monetària, sotmesa a l'objectiu fonamental del benestar de la seva ciutadania i no a l'interès volàtil del benefici individual, una Europa responsable i solidària amb la resta de la comunitat internacional, podrà fer front als embats dels fons especulatius, amb la col·laboració de la resta de països, especialment els països rics, a través de la instauració de mesures valentes i necessàries com ara, entre d'altres, el control i la taxació de les transaccions financeres, la supressió completa dels paradisos fiscals, la lluita contra el frau fiscal, la creació d'una banca pública europea i d'una agència pública internacional de qualificació, la reforma del sistema bancari perquè els bancs hagin de complir amb el seu paper primer de finançar les activitats productives, la creació d'una fiscalitat verda i social, o la subtracció dels productes agrícoles dels mercats especulatius i de futurs que s'enriqueixen a costa de la fam de milions de persones.




1.11.11

Los Sueños y las Urnas

Los sueños y las urnas

Article publicat per Daniel Innerarity a El País el 29/10/2011

Uno de los eslóganes más coreados por el 15-M asegura que "nuestros sueños no caben en vuestras urnas". Como toda reivindicación utópica, cuenta con el cómodo prestigio de lo imposible, que nos ahorra la pregunta de si, en ocasiones, nuestros sueños son alucinaciones propias o pesadillas para otros. No voy a discutir el hecho de que el abanico de lo que tenemos para elegir es manifiestamente mejorable; trataré de llamar la atención sobre algo que forma parte de nuestra condición política: que nadie, y menos en política, consigue lo que quiere, lo cual es por cierto una de las grandes conquistas de la democracia.

Una sociedad es democráticamente madura cuando ha asimilado la experiencia de que la política es siempre decepcionante y eso no le impide ser políticamente exigente. La política es inseparable de la disposición al compromiso, que es la capacidad de dar por bueno lo que no satisface completamente las propias aspiraciones. Está incapacitado para la política quien no tiene la capacidad de convivir con ese tipo de frustraciones y de respetar los propios límites. Nos han enseñado que esto es lo que hace de la política algo irresponsable y fraudulento, pero deberíamos acostumbrarnos a considerar que esto es lo que la constituye.

En una sociedad democrática, la política no puede ser un medio para conseguir plenamente unos objetivos diseñados al margen de las circunstancias reales, fuera de la lógica institucional o sin tener en cuenta a los demás, entre ellos a quienes no los comparten. Cualquier sueño político solo es realizable en colaboración con otros que también quieren participar en su definición. Los pactos y las alianzas ponen de manifiesto que necesitamos de otros, que el poder es siempre una realidad compartida. La convivencia democrática proporciona muchas posibilidades, pero impone también no pocas limitaciones. De entrada, los límites que proceden del hecho de reconocer otros poderes de grupos o intereses sociales con tanto derecho como uno para disputar la partida.

Por eso la acción política implica siempre transigir. Quien aborda cualquier problema como una cuestión de principio, quien habla continuamente el lenguaje de los principios, de lo irrenunciable y del combate se condena a la frustración o al autoritarismo. La política fracasa cuando los grupos rivales preconizan objetivos que según ellos no admiten concesiones y se consideran totalmente incompatibles y contradictorios. Todos los fanáticos creen que sus oponentes están fuera del alcance de la persuasión política. Nadie que no sea capaz de entender la plausibilidad de los argumentos de la otra parte podrá pensar, y menos actuar, políticamente.

Uno de los síntomas de la mala calidad de nuestro espacio público es la creciente influencia de grupos y personas que no han entendido esta lógica y practican una insistente despolitización. La fragilidad de las democracias frente a la presión populista se pone de manifiesto en fenómenos como el Tea Party, verdadero bastión de inflexibilidad. No me refiero únicamente al movimiento norteamericano, sino a un fenómeno bastante más extendido en nuestras democracias. Se podría decir sin exageración que todos tenemos nuestro Tea Party. Partidos, iglesias, sindicatos, y medios de comunicación están desbordados por una serie de movimientos que se generan a su alrededor, que tratan de condicionar sus prácticas habituales o cuestionan abiertamente su representatividad.

Todos padecen su particular asedio contra los moderados, es decir, un fuego amigo que establece un marcaje férreo de manera que no se hagan cesiones ni se llegue a compromisos con el enemigo. En este sentido, un Tea Party es un poder fuertemente ideológico pero desestructurado que parasita de otro poder ideológico, oficial pero debilitado, y al que exige la lealtad absoluta a unos objetivos políticos que deben ser conseguidos sin contrapartidas ni compromisos con el adversario, desprestigiando así la figura del pacto o el valor de la transacción. Son los guardianes de las esencias que no combaten tanto a sus enemigos sino que están al acecho de sus semejantes, cumpliendo aquello de que el peor enemigo está siempre entre los nuestros. Pensemos en la proliferación de las exhibiciones de orgullo o el significado político que puede tener la calificación del "sin complejos" que adjetiva actualmente a muchas renovaciones ideológicas.

Entre las características más despolitizadoras de estos movimientos está la ausencia de sentido de responsabilidad, su falta de disposición al acuerdo o la autolimitación inteligente; custodian un núcleo ideológico (la familia, la nación, el Estado de bienestar, el mercado, los valores) que ven continuamente amenazado y sospechan principalmente de los moderados de las propias filas; son especialmente vulnerables al populismo y tienen una gran densidad emocional. Especialmente dispuestos a ejercer estos condicionamientos ideológicos extremos son los "movimientos de un solo tema" (en ambos extremos del espectro ideológico y con asuntos diversos: la naturaleza, la mujer, la nación, el aborto...) a los que, por preocuparle mucho una sola cosa y casi nada todo lo demás, tienden a ver eso tan importante desconectado de sus condiciones de viabilidad, de cualquier calendario de urgencias u horizonte de compatibilidad.

Una cierta debilidad institucional unida a un conjunto de factores sociales y tecnológicos ha desestructurado el espacio de la reivindicación y la protesta, que está tan desregulado como los mercados. En todo esto han jugado un papel decisivo las redes sociales, que han liberado grandes energías de movilización, comunicación e instantaneidad, pero que suelen ser un mundo desestructurado en el que cada uno se junta con quien más se le parece. De ahí que cada vez sean menos redes sociales, en la medida en que la confrontación con el diferente tiende a ser sustituida por la indignación en compañía del similar, una emoción que se alimenta comunicando con quien comparte la misma irritación.

Probablemente esto indica que hemos de pensar nuevamente la política en sociedades bastante desinstitucionalizadas, cuyos conflictos no tienen la función estructurante del viejo conflicto social y donde las demandas ciudadanas no encuentran su cauce en la representación sindical o política. Porque no estamos en una lógica de equilibrio democrático, sino de antipolítica. Lo que hay son autoridades alternativas, que no pretenden equilibrar al poder oficial sino neutralizarlo.

La política ha disciplinado siempre nuestros sueños, los ha concretado en una lógica política y traducido en programas de acción. Por eso, cuando la política es débil nuestras expectativas en relación con el futuro colectivo se disparan y nos hacemos más vulnerables frente a la irracionalidad. ¿Qué hacemos entonces con todo aquello que nos ilusiona conseguir a través de la política? ¿Debemos rendirnos a la comprobación de que, dada la naturaleza decepcionante de la convivencia social, no tiene sentido formularse ideales o luchar por ellos? Más bien se trata de hacer una distinción sin la que no puede haber una convivencia democrática. Lo que cabe en las urnas son nuestras aspiraciones; lo que viene después -si es que no queremos convertir el sueño propio en pesadilla de los demás- es el juego democrático que limita y frustra no pocas veces nuestros deseos, pero que también los enriquece con las aportaciones de otros. Si alguien consiguiera colmar todas sus aspiraciones no compartiría nuestra condición humana y mucho menos nuestra condición política.

Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democrática. Es autor de La democracia del conocimiento (Ediciones Paidós), de próxima aparición.



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4.10.11

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8 octubre
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5 octubre
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6 octubre
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7 octubre
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8 octubre
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9 octubre
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29.5.11

La democràcia al carrer

 
Fa quatre anys que el món occidental es va trobar de nassos amb una crisi que cap dels suposats experts dels mercats financers no va preveure i que va causar la fallida de nombroses entitats de crèdit, en un primer moment, i d’empreses i de famílies, poc després. La situació era tan greu que els estats dels països suposadament més desenvolupats van concedir sumes astronòmiques a les entitats bancàries per evitar el col·lapse total del crèdit i de les seves respectives economies —Sumes, d’altra banda, molt superiors a les que suposadament no podien mobilitzar, tan sols uns mesos abans,  per assolir els Objectius del Mil·lenni—. Com a conseqüència d’això, els estats van quedar amb molt poca liquiditat per afrontar les seves funcions bàsiques.

L’ona de xoc d’aquesta crisi va fer trontollar les bases ideològiques del neoliberalisme fins al punt que presidents obertament liberals com el president francès Sarkozy o personalitats de les institucions financeres internacionals com Pascal Lamy, director general de l’OMC, parlaven obertament de la necessitat de refundar el capitalisme. Fins i tot a la cimera de Davos ningú no es va atrevir a lloar les virtuts dels mercats financers, sinó que, ben al contrari, es tractava en nombrosos debats i declaracions de recuperar una regulació que havia estat unànimement rebutjada en aquests mateixos fòrums pocs anys abans.

En definitiva, a finals de l’any 2008 semblava que tots els dirigents polítics i econòmics mundials s’haguessin tornat altermundialistes.

La gent va consentir gairebé per tot arreu —amb l’honrosa excepció d’Islàndia—  que els diners públics servissin per sufragar pèrdues privades milionàries provocades per comportaments marcats per la cobdícia i la imprudència. Però ho va consentir sota la promesa més o menys formulada públicament de reconstruir el sistema econòmic i financer per tal que respongués a les necessitats de l’economia real i permetés una transició a una economia baixa en carboni que servís per aturar o minimitzar el canvi climàtic. El miratge va durar molt poc.

Un any més tard, i amb les entitats financeres pràcticament recuperades, l’objectiu de les reformes va deixar de ser —ho havia estat mai realment?— els sistema econòmic i financer i va passar a ser l’estat del benestar.

Els estats van quedar amb les caixes buides i van haver de recórrer al deute per finançar-se i aquesta situació va ser aprofitada pels interessos financers, especialment a través de les agències de qualificació del deute, per fer xantatge polític als estats sobirans: si volien accedir a finançament internacional, els estats havien d’efectuar les reformes que permetessin assegurar que els creditors en traurien sempre el màxim benefici, altrament la qualificació del seu deute es veuria tan rebaixada que ningú no els voldria fer cap préstec a no ser a canvi d’interessos extremadament onerosos per a les arques públiques.

Aquest va ser el punt d’inflexió. En un any es va passar d’un projecte d’aprofundiment democràtic i de control legal i mediambiental de l’economia internacional a un projecte d’aprofundiment del capitalisme financer i de debilitament del poder de l’estat per a exercir els seus deures envers la ciutadania. I la ciutadania va dir basta.

Les mobilitzacions a Anglaterra o Grècia van ser àmpliament secundades i es van produir fins i tot enfrontaments amb les forces d’ordre. A Islàndia, la població rebutjava massivament en referèndum el rescat dels bancs en fallida i s’iniciava un procés constituent. Mentrestant, a Espanya el Partit Socialista emprenia tota una sèrie de reformes i retalls antisocials (reforma laboral, jubilació) que van desembocar en una vaga general organitzada pels sindicats que no va tenir un ampli seguiment. Nombrosos eren els comentaristes que es preguntaven per què al nostre estat no es donaven grans protestes ciutadanes com passava a països del voltant. Al mateix temps, la degradació de la cosa pública arribava a cotes mai assolides amb casos de corrupció per tot l’estat que afectaven especialment al principal partit de la oposició, el PP, però en els quals també es veien embolicats altres partits, com el PSOE o CiU. Malgrat tot, la ciutadania seguia sense reaccionar, més enllà d’algunes manifestacions de protesta popular molt localitzades a algunes bandes de l’estat —com ara la Plataforma Contra la Corrupció que es va crear a Mallorca i que va arribar a mobilitzar a milers de persones a Palma—.

En aquest context va començar una espiral de revoltes populars als països àrabs que compartien tota una sèrie de trets: la utilització, en gran mesura, de la resistència passiva i altres formes de protesta no-violenta i el rebuig a formes de govern autoritàries i corruptes que impedien a la major part de la ciutadania el gaudi d’una vida digna i lliure. Crec que encara no hem acabat de valorar l’impacte que van tenir aquests moviments sobre la societat europea i, especialment, l’espanyola, sobretot un cop que aquestes revoltes populars van aconseguir desallotjar a Ben Ali a Tunis i a Mubarak a Egipte. La força tranquil·la però determinada i creixent que ocupava dia rere dia la plaça Tahrir del Caire es va estendre més enllà de les fronteres egípcies i es va convertir en un símbol de resistència ciutadana.

I va arribar el 15-M. Aquest dia, una setmana abans de les eleccions locals, la plataforma Democracia real, ya!, sorgida tan sols uns mesos abans, va aconseguir organitzar manifestacions a 58 ciutats espanyoles per demanar un sistema democràtic realment representatiu i que servís per a defensar els interessos de la ciutadania i no els dels grans interessos econòmics. Es tractava, i es tracta, d’un moviment ciutadà no vinculat a cap partit ni sindicat, que funciona principalment a través de les noves tecnologies de la comunicació, i que va aconseguir mobilitzar a 130.000 persones arreu d’Espanya. El fet que a Palma aquesta manifestació “informal” aconseguís reunir el triple de gent que la del passat 1er de maig convocada pels sindicats, dóna una idea de la força que havia pres aquest moviment i de la pèrdua de credibilitat de les forces socials tradicionals per arribar a la ciutadania sobre qüestions pràcticament idèntiques.

Lendemà, i de forma espontània, part dels i de les manifestants del dia anterior van considerar que un dia no era suficient i que calia continuar l’acció al carrer i així van començar les concentracions que a dia d’avui estan instal·lades de forma permanent a unes 66 ciutats espanyoles. Aquestes concentracions han anat augmentant exponencialment el seu nombre de participants i s’han constituït en un espai públic, obert i pacífic de resistència a un sistema polític i econòmic que s’oblida de la major part de la ciutadania.

Els diaris més conservadors poden afirmar el contrari, però des del seu inici, aquestes concentracions representen l’experiència democràtica més interessant apareguda a Espanya des de la transició: son completament obertes i qualsevol pot participar a les assemblees, sempre respectant un mínim de normes que permetin la intervenció de tothom de forma ordenada. A més, cadascuna d’aquestes concentracions, tot i actuar de forma coordinada amb la resta, és completament autònoma, tant en la seva organització com en la definició dels seus objectius i dels mitjans per assolir-los.

A més, molta gent els ha mostrat el seu suport —fins i tot aportant queviures i material d’aixopluc— perquè una part important de la ciutadania compren i comparteix la indignació dels acampats, tot i que sigui de forma difusa. Igual que a Egipte, igual que a Tunis, la protesta plural, pacífica, perseverant i desinteressada contra les injustícies provoca la simpatia dels altres.  

A més, malgrat les acusacions de foment de l’abstenció o el vot en blanc en benefici de la dreta aquestes concentracions han promogut sovint el vot responsable, informat, cap a partits minoritaris a més de la reforma de la llei electoral per acabar amb un sistema majoritari que només afavoreix el bipartidisme.

La incògnita és de quina manera aquesta indignació s’articularà a partir d’ara, un cop passades les eleccions. Aquest primer moment de mobilització ha estat marcat especialment per expressions de rebuig, d’una banda, i de solidaritat, de l’altra, en una mena de catarsi col·lectiva després de tot aquest temps d’indignació silenciosa. Es tracta d’un fet importantíssim, ja que ha deixat palesa la capacitat de mobilització de la ciutadania quan ho considera necessari. I això, en els temps que corren, és imprescindible. Per això, encara que les mobilitzacions acabessin ara, de cap manera es podrien considerar un fracàs o un fet aïllat. La ciutadania, ho ha demostrat, està atenta i vigilant.

També cap la possibilitat, i així s’ha posat de manifest a la majoria de concentracions, de continuar amb aquestes protestes. I aquesta continuïtat s’ha de plantejar necessàriament sota formes diverses. L’ocupació de l’espai físic ha esdevingut ràpidament l’ocupació de l’espai simbòlic i aquest fet tan important és el que ha donat tanta visibilitat al moviment i ha provocat tanta preocupació en alguns sectors més conservadors. Però cal anar més enllà. La gent concentrada n’és conscient i des d’aquest dilluns s’està debatent a les diverses assemblees com assegurar la persistència i l’evolució de les protestes.

Cal tenir en compte un fet important que pot suposar tant una feblesa com una oportunitat per aquest moviment; la dispersió organitzativa. Al voltant d’aquestes protestes graviten nombrosos moviments cívics independents que han sorgit a diversos moments per causes concretes: No les votes, aparegut per protestar contra la Llei Sinde i que demanava que no es votés ni a PP ni a PSOE ni a CiU,  Juventud sin Futuro, que demanen una sortida a la crisi que prengui en compte els joves a través de cinc temes bàsics (vivenda, àmbit laboral, pensions, educació i redistribució de la riquesa),  Estado del Malestar, que és un grup que es reuneix a moltes ciutats tots els divendres a un espai públic per tractar de sortides a la crisi i que demanen un canvi del sistema polític i econòmic, Democracia Real Ya!, que van ser els organitzadors de la manifestació del 15-M.

Es tracta de grups diferents tot i que convergents, que en gran mesura s’han trobat a les concentracions post 15-M. Però també cal tenir en compte que cap d’aquests moviments ha organitzat  les concentracions, sinó que aquestes han estat espontànies i son autogestionades. Si a això li sumam la resta de moviments socials més tradicionals, com ara els sindicats, les ONG o els partits d’esquerres i ecologistes, ens trobam amb una explosió d’actors que no serà fàcil articular.

L’avantatge, és que moltes de les persones que integren aquests moviments s’han trobat a les acampades, i això ha permès el reconeixement de les lluites compartides. En la mesura en que això faciliti la construcció de ponts i aliances, la societat espanyola estarà molt més preparada per a defensar-se dels atacs a l’estat del benestar, per a promoure una altra forma d’entendre la política i per arribar, al cap i a la fi, a una democràcia real.


(Aquest article s'ha publicat a Quaderns de Gadeso http://www.gadeso.org/?contenido_servicio_tabla=cuadernos&ln=ca)

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14.5.11

Sobre la guerra, l'absurd, la cobdicia i el coratge

Aquesta és l'emocionant testimoni d'un veterà de guerra d'Iraq, que conta, amb pels i senylas, les atrocitats que va viure i que va cometre i que, al final, fa una anàlisi brillant sobr eles guerres i una crida encoratjadora perquè lluitem tots junts per la pau.




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1.4.11

La realitat obstinada

Una imatge val més que mil paraules





Aquesta foto, presa després del triple desastre japonés (terratrèmol, tsunami, nuclear), és una magnífica paràbola de la fragilitat humana...i de les seves potencialitats.

El consumisme desenfrenat necessari per a mantenir una economia basada no en les necessitats de les persones sinó en les seves ambicions i el seu egoisme ens porta a produir, acumular i llançar una infinitat de productes que tenen un cicle vital cada cop més curt. Pel camí, i al llarg de tot el procés, qui pateix és el medi ambient (sobreexplotació de recursos, augment dels abocadors, major contaminació per a la seva eliminació) i la gent (salaris cada cop més baixos i precarietat laboral, estrés i obsessió pel consum).

Tot això, que alguns confonen amb una societat "avançada" és d'una precarietat extrema i es sustenta en la disponibilitat finita de combustibles fòssils i un cert equilibri natural que faci la realitat predecible. Ara be, els combustibles fòssils s'estan esgotant a una velocitat inevitablement creixent a mesura que els països emergents (X´ina, Índia, Brasil...) s'apunten al nostre model de societat. Des de fa uns anys, el lobby pronuclear ha aprofitat aquesta situació per a dur a terme una agressiva campanya de promoció de l'energia nuclear, com si aquesta fos la més neta i eficient per a substituir una economia basada en el carboni, que té unes necessitats energètiques enormes.

Fa dues setmanes, la realitat obstinada va mostrar que tot això només eren miratges o, millor dit, mentides. Fukushima és la prova que l'energia nuclear no és segura, ni pel que fa al tractament dels seus residus (que segueixen essent altament radiactius i perillosos milers d'anys després) ni pel que fa a la seva explotació energètica.

Davant el caos, la desolació i l'absència de tots aquetss productes innecessàris, davant la impossibilitat d'usar cotxos, motos, busos i altres mitjans de transport per l'abspencia de combustible, una figura atravessa les deixalles dibuixant un camí cap al futur: la no-dependència energpetica, la no-contaminació, l'aprofitament de l'enginy humà en la seva vessant més avançada, racional i natural a l'hora: la bicicleta.

Ens hauria de fer reflexionar sobre la nostra realitat quotidiana i el futur que volem per noltros i els nostres infants.





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29.1.11

Dedicat a l'esperit de la llibertat que ens habita a tots

Hablando de revoluciones...

Stefan Collini


Article original a Sin Permiso

Reseña de How to Change the World: Tales of Marx and Marxism [Cómo cambiar el mundo: historias de Marx y marxismo] de Eric Hobsbawm 
470 págs. Little, Brown & Co., Londres, 2011 

"Hasta ahora, los filósofos han tratado de comprender el mundo; de lo que se trata, sin embargo, es de cambiarlo". La célebre magnificación de Marx trataba de levantar lo que podría hoy llamarse una "exigencia de impacto" en la valoración del pensamiento abstracto: la prueba de la validez de las ideas debía encontrarse en su capacidad de transformar el mundo. Esta declaración desmesurada puede contemplarse retrospectivamente como expresión de una tensión que discurría a lo largo de toda la obra de Marx y se hallaba en la raíz de la recurrente crisis de identidad que asolaba ese corpus diverso del pensar y el obrar al que posteriormente dio en llamarse "marxismo".
Se desarrolló y aún se desarrolla un corpus de veras extraordinariamente rico con este marbete, pero tanto los adeptos como los críticos se han mostrado proclives a insistir en que la posición e importancia de estas ideas ha de evaluarse por referencia a su historial a la hora de transformar el mundo. A los adeptos les gusta decir a menudo que la cuestión aún está por decidir, pero no tienen más remedio que reconocer, lamentablemente,  que la cosa no pinta bien; los críticos se regocijan apuntando a los millones de víctimas de Stalin y a la prosperidad sin paralelo (para algunos) del capitalismo, y dan entonces el caso por concluido.
Este carácter dual del marxismo impone un gravamen especial a cualquiera que intente trazar su historia. Las ideas mismas son complejas y exigentes: idealmente, el historiador debería moverse por los matorrales de la metafísica hegeliana, así como entre las complejidades de la teoría del valor trabajo. Pero, por añadidura, una historia apropiada ha de abarcar los logros de los movimientos sindicales y las tomas de postura de las facciones de partido, la construcción de las economías planificadas y la represión de la opinión disidente, además de muchas otras cosas. El historiador ideal del marxismo ha de ser en parte teórico, en parte erudito; en parte creyente, en parte escéptico; polilingüe, pero no Pollyanna.
A Eric Hobsbawm se le define a menudo como "historiador marxista", aunque se le podría considerar de modo más preciso como un historiador de notable registro y poder analítico que ha encontrado en Marx mayor inspiración que en ninguna otra fuente singular. Pero se le considera menos a menudo como historiador del marxismo. Al fin y al cabo, sus obras más importantes se han centrado en el análisis del desarrollo de la sociedad europea desde esas dos agitaciones paralelas de la Revolución Francesa y la Revolución Industrial a finales del siglo XVIII. Si a sus aportaciones a la historia del marxismo se les ha otorgado menos reconocimiento, puede que eso se deba en parte a que han adoptado la forma de ensayos y capítulos desperdigados, y en parte a que, fiel a sus inclinaciones cosmopolitas, con frecuencia se han publicado en lenguas distintas del inglés.
La publicación de How To Change the World puede contribuir a poner las cosas en su lugar y no prematuramente: se trata de su decimosexto libro y aparece, lo cual es impresionante, a sus  94 años de edad. Aunque el libro se compone en buena medida de materiales anteriormente publicados, gran parte de ellos no han aparecido nunca en inglés y algunos han sido revisados y puestos al día. Lo de "historias" del subtítulo puede corresponder al intento de un editor nervioso por conseguir que los contenidos les suenen más seductores a lectores que podrían verse disuadidos por "ensayos" o "estudios", pero afortunadamente el término no indica en este caso una colorida charla biográfica o narraciones excéntricas. Los ensayos son analíticos y sinópticos y no resultan  en absoluto peores por ello: su nítida calidad intelectual los vuelve más absorbentes de lo que podría ser cualquier "historia" adornada.   
La "Primera parte" contiene estudios bastante diversos de aspectos del pensamiento de Marx y Engels, que van desde una introducción relativamente ligera a Las condiciones de la clase obrera en Inglaterra, del segundo, a una densa explicación del pensamiento de Marx acerca de las formaciones precapitalistas en la obra inacabada conocida sencillamente como Grundrisse.    
La "Segunda parte", que puede ser de mayor interés al lector contemporáneo, anda cerca de  proporcionar una visión de conjunto de la suerte del marxismo en los (casi) 130 años transcurridos desde la muerte de Marx en 1883. Son estos capítulos los que exhiben de forma notabilísima la combinación característica de Hobsbawm de análisis lúcido e imponente alcance. Casi todos los historiadores parecen provincianos a su lado. ¿Quién, si no, podría, mientras le hace detalladamente justicia a la historia de los movimientos marxistas principales en países como Alemania y Francia, proporcionarnos una autorizada digresión sobre las diferencias entre el marxismo danés y el finlandés? ¿En qué otro confiaríamos para que, después de enumerar las traducciones de Das Kapital desde el azerbayaní al yiddish, concluya con seguridad: "La única extensión lingüística importante de El capital aparte de ésta tuvo lugar en la India ya independizada, con ediciones en marathí, hindi y bengalí en las décadas de 1950 y 1960.
En el curso del pasado siglo o más allá, el estatus de los escritos de Marx puede haber oscilado entre dos polos. Por un lado, existe la posición comunista otrora ortodoxa de que Marx era el guía casi infalible de la acción política y la creación, por vía revolucionaria, de la forma de sociedad que sucedería al capitalismo. Y por otro, está lo que podría llamarse la visión de la "civi[lización] occidental", en donde se aborda a Marx junto a figuras como Nietzsche y Freud, como autor de un corpus de escritos infinitamente fascinante, escritos que pueden estudiarse o disfrutarse, pero de los que no se desprende la acción más de lo que sería el caso en La montaña mágica de Mann o La tierra baldía de Eliot.
Hobsbawm, de forma característica, evita ambos extremos: su actitud es más distanciada que el primero, pero considerablemente más comprometido que el segundo. Recomienda a nuestra atención la historia del marxismo debido a que "durante los últimos 130 años ha constituido un tema de importancia en la música intelectual del mundo moderno y, mediante su capacidad de movilizar fuerzas sociales, una presencia crucial, en algunos periodos decisiva, en la historia del siglo XX".  
Pero, ¿qué hay del siglo XXI? Desde sus comienzos a principios de la década de 1840, el marxismo se ha visto sujeto a accesos de especulación prematura. Marx y Engels se persuadieron repetidamente (y persuadieron a algunos otros) de que se acercaba el fin de la sociedad burguesa, y desde la muerte de Marx ha habido periódicos anuncios de la "crisis del capitalismo". Pero en cada ocasión, el paciente ha logrado recuperarse de algún modo y puede que incluso se haya fortalecido. Acaso ni siquiera Hobsbawm, el más frío y juicioso de los analistas, sea completamente inmune a esta fiebre cuando especula que el derrumbe financiero de 2008 puede señalar el comienzo del fin del capitalismo tal como lo hemos conocido. Ciertamente, cree que marca el final de ese período de 25 años (desde el centenario de la muerte de Marx) durante el que pareció que Marx había perdido su relevancia, y para muchos de la generación más joven, su interés. "Una vez más", anuncia de un modo absoluto nada propio de él, "ha llegado el momento de tomarse a Marx en serio".
Aun durante los años más triunfalistas del neoliberalismo había quienes seguían tomándose a Marx muy pero que muy en serio como fuente de conceptos y marcos de referencia con los que analizar el funcionamiento de sociedades en las que el capital está en manos de unos pocos y los más venden su fuerza de trabajo. Pero, más allá de esto, ¿piensa Hobsbawm que hoy deberíamos tomarnos a Marx en serio como guía para cambiar el mundo? Aquí se escucha una nota de cautela, a veces hasta equívoca. En una frase estupenda, refleja que, con la caída de la Unión Soviética, "el capitalismo había perdido su memento mori". Pero, al mismo tiempo, "quienes se atenían a la esperanza socialista original de una sociedad erigida en nombre de la cooperación, en lugar de la competencia, hubieron de replegarse a la especulación y la teoría".   
Hoy la globalización y la retirada del Estado han privado, observa él, tanto a los partidos socialdemócratas como a los movimientos sindicales de su terreno natural: "estas entidades no han tenido hasta ahora mucho éxito a la hora de operar transnacionalmente". En otro autor uno podría sospechar sarcasmo en este deliberado eufemismo, pero "hasta ahora" y "no (...) mucho" pueden indicar que funciona la habitual prudencia literaria de Hobsbawm. Con todo, ¿qué tipo de oportunidad supone la actual turbulencia financiera? Algunos han comparado la situación con los años 30 del siglo XX, pero es difícil saber si, para quienes poseen inclinaciones radicales, eso debería considerarse un paralelo alentador. Hobsbawm se limita a la juiciosa observación de que, a diferencia de la década de 1930, "los socialistas" (de quienes parece extrañamente distante en este punto) "no pueden señalar ejemplo alguno de regímenes comunistas o socialdemócratas inmunes a la crisis ni tienen propuestas realistas de cambio socialista".
Acaso lo cierto sea que el marxismo, pese a la famosa proclamación de su fundador, ha contribuido siempre más a entender el mundo que a cambiarlo. Desde luego, Eric Hobsbawm ha hecho más que la mayoría por promover esa comprensión. Y si nos preguntamos cuál puede ser su visión final de las perspectivas de cambiar el mundo, en ese caso, felizmente, todavía estamos en situación de adoptar la respuesta de Chu En-Lai sobre la Revolución Francesa: es demasiado pronto aún para decirlo.   
Stefan Collini es profesor de historia intelectual y literatura inglesa en la Universidad de Cambridge, colaborador del Times Literary Supplement y The London Review of Books y autor de Common Reading: Critics, Historians, Publics y Absent Minds, Intellectuals in Britain. Su último libro That's Offensive! Criticism, Identity, Respect (editado por Seagull y The University of Chicago Press) se publica este mes. 

Stefan Collini  es profesor de historia intelectual y literatura inglesa en la Universidad de Cambridge, colaborador del Times Literary Supplement y The London Review of Books y autor de Common Reading: Critics, Historians, Publics y Absent Minds, Intellectuals in Britain.

Article original a Sin Permiso


Wikio

4.1.11

Nos concierne a todos

"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los garbanzos, del pan, de la harina, de la ropa, de los zapatos y de los medicamentos, dependen de decisiones políticas. 

El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. 

No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales"

Bertolt Brecht

El truco de las políticas de la UE de convertir deuda privada en deuda pública

11.10.10

Els Simpsons i la globalització neoliberal

M'encanta i em sorpren l'actualitat i l'acidesa dels simpsons i com pot ésser que ho emetin per la Fox den Robert Murdoch...

8.9.10

Los verdaderos brotes verdes

A nadie le cabe duda que los ecologistas han ganado la batalla de las ideas. Sin embargo, hasta la fecha, no han sabido materializar ese éxito en una fuerza política sólida a nivel nacional. Parece que hay indicios de que esta situación puede cambiar. Algo se mueve en el ecologismo político de nuestro país. A raíz de la iniciativa del ex director de Greenpeace España, Juan López de Uralde, catapultado a la fama gracias a la detención por su acción en Copenhague se está barruntando un partido verde que aglutine al ecologismo español. El reto de López de Uralde no es pequeño, se trata de unir y coordinar a un atomizado y numeroso reino de taifas. De momento ya tiene forma, una fundación, y un nombre: Equo. Entre los fines de Equo destacan "promover la sostenibilidad económica, social y ambiental, reduciendo la huella ecológica para conciliar el desarrollo humano con los límites físicos del planeta y poniendo el bienestar humano y la justicia social como objetivos de la economía". 
 
Otros puntos son "defender los derechos de los animales", "contribuir a un cambio de modelo económico superador del capitalismo y el productivismo" y a "la mitigación del cambio climático mediante la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a los niveles y en los plazos recomendados por la comunidad científica". También apuestan por "un modelo energético basado en la gestión y reducción de la demanda, el ahorro y la eficiencia, las energías renovables y la generación de electricidad distribuida y las redes inteligentes".

Es el primer paso para ir buscando apoyos hasta convertirse en el futuro en un partido político. Si el proyecto cuaja estaremos de enhorabuena. Ya era hora que en el abanico parlamentario se metiera, por fin, una cuña verde. En un escenario de cambio de modelo energético en el que nos movemos la voz de los ecologistas debe ser escuchada. Y también es necesario que puedan frenar la escalada transgénica de nuestro país; en España se cultivan el 68% de los organismo modificados genéticamente de la UE.
 
El Zapaterismo de la primera legislatura dio muestras de verdadera sensibilidad medioambiental. Y sedujo a gran parte del ecologismo. De hecho, Rodríguez Zapatero, aupó a la cartera ministerial a Cristina Narbona, una mujer conocedora de la problemática medioambiental y muy sensible y activa a la hora de tomar medidas. Probablemente la mejor ministra de medioambiente de la democracia. Algo no muy difícil teniendo en cuenta que han ostentado el cargo personas de la talla de Jaume Matas, quien de medioambiente sabe mucho, sobretodo a la hora de destruirlo y, supuestamente, enriquecerse al mismo tiempo. Pero volviendo a Narbona: hizo grandes esfuerzos para proteger el litoral y empujar hacia un necesario cambio en el modelo energético. Se entendía muy bien con los grupos ambientalistas. Pero se pasó de buena y en la segunda legislatura zapateril fue enviada al exilio parisino en forma de embajadora de España ante la OCDE.  No cabe duda de que perdió el pulso frente a la biotecnología de Garmendia.
 
El primer giro brusco de zapatero no fue el social, mucho antes ya dejó en la estacada a las personas comprometidas con el respeto al medioambiente que habían confiado en sus promesas electorales. El político José María Mendiluce fue el encargado de tender los puentes. Se partió por la mitad y la desilusión acumulada no ha sido poca. En este sentido, a la derecha mejor ni mirar, ya que lo único que nos encontraremos es al primo de Rajoy. Uno de los capítulos políticos más vergonzosos de los últimos años.
 
Es el momento de que España tenga una formación parlamentaria como la mayoría de países europeos, donde llega a alcanzar un 10% de los votos. Parece que López de Uralde es respetado por todos y puede ser la clave de una cúpula muy delicada y heterogénea. Ahora toca llegar a alianzas que den paso a una confederación. En Balears, Els Verds aplauden la iniciativa de Uralde que les pilla en plena convergencia con Iniciativa d’Esquerres, la formación surgida de la escisión de Esquerra Unida liderada por David Abril y Fina Santiago. Miquel Àngel Llauger, diputado por Els Verds en el Parlament Balear quiere contribuir a consolidar el proyecto. Iniciativa per Catalunya Verds, el único partido verde con un diputado en el Congreso, Joan Herrera, también ha mostrado su interés en sumarse.
 
Tendremos que estar atentos una vez más a Catalunya ya que allí se quiere experimentar una candidatura conjunta de todos los partidos verdes de cara a las próximas elecciones. Si funciona será el modelo a seguir de cara a las Generales de 2012. Los partidos convencionales: PSOE, PP, IU  ya pueden empezar a prepararse porque es muy posible que si este proyecto cuaja pueda canalizar el desencanto creciente entre el electorado. 
Frente a los que afirman que un partido de este tipo no es necesario ya que los partidos actuales ya llevan propuestas medioambientales en sus programas, Florent Marcellesi coportavoz de la Coordinadora Verde contesta que “habrá diferencias sustanciales en materias como las centrales nucleares, los transgénicos, la crisis económica, el cambio climático, las relaciones Norte/Sur, los derechos digitales y libertades en la red, las desigualdades sociales, la transformación de los modelos productivos y de consumo, el bienestar animal o la construcción de infraestructuras faraónicas, entre otras muchas”.
 
Los impulsores de este proceso miran hacia la confederación francesa Europe Écologie, dirigida por el líder ecologista europeo Daniel Cohn-Bendit. (Sino sabes quién es no te pierdas este video)
 
Parece que Salgado tenía razón y salen brotes verdes, aunque no son los que ella se esperaba.
 
Alberto Fraile - 08/09/2010

Europa ante Francia

Si el presidente de la Comisión Europea cree que con un lacrimógeno llamamiento a "no despertar los fantasmas del pasado", como el que ayer dirigió, sin nombrarlo, al Gobierno francés desde el Parlamento Europeo a propósito de la deportación de gitanos, ha cumplido con sus obligaciones, es que Durão Barroso vive en la inopia. Su inane queja contrasta con la firmeza demostrada por su antecesor, Romano Prodi, frente al acceso del ultraderechista Haider al Gobierno austriaco. Y es tanto más de lamentar en el año de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, que se suponía crucial para el desarrollo de la UE y que contiene una Carta de Derechos Fundamentales plenamente constitucionalizada.
Si resulta mordaz que París señale la efemérides violando los derechos de la minoría gitana, todavía es peor que la Comisión, guardiana legal de los Tratados, reduzca esta obligación a mera retórica. La reprimenda ayer a Francia del Parlamento Europeo, con la excepción del PP y apenas un centenar de diputados en los escaños, no añade especial intensidad a la general indiferencia de las instituciones y los líderes de la UE por una situación lacerante.
La expulsión de gitanos ordenada por Nicolas Sarkozy, más de 8.000 en lo que va de año, además de atentar contra la Constitución francesa violenta media docena de artículos de la nueva Carta europea de derechos. Muy directamente el 19, por el cual "se prohíben las expulsiones colectivas"; el 22, que ordena respetar la "diversidad cultural"; y el 45, que defiende el "derecho a la libre circulación y residencia". La Carta no obliga únicamente a las instituciones comunitarias, sino también "a los Estados miembros cuando apliquen el derecho de la Unión".
La libre circulación de los gitanos no es un privilegio susceptible de otorgarse o denegarse según los caprichos de un dirigente, sino puro derecho común. El Ejecutivo comunitario viene obligado, pues, a abrir una auténtica investigación sobre la actuación francesa; y a adoptar las medidas pertinentes. El Gobierno de Francia es responsable de atentar contra su propia ley, hundir el prestigio de su historia como país paladín de las libertades y de crear falsos culpables en esta coyuntura de crisis. La Comisión de Bruselas solo es un vulgar cómplice. Sucede, sin embargo, que esta actúa no solo en nombre de los franceses, sino también de todos los europeos. En nuestro nombre.

El País 09/09/2010

18.7.10

La impotencia de la izquierda europea

La crisis actual muestra no solo el carácter despiadado del capitalismo liberal y financiero -despiadado en el sentido de que lo único que le importa es sacar el máximo beneficio en detrimento del derecho y de la vida de millones de seres humanos explotados, excluidos y humillados por el desempleo-, sino también la dramática impotencia de las fuerzas progresistas y, muy en particular, de la izquierda europea para ofrecer una alternativa creíble frente a los errores de este sistema.

Si la izquierda quiere oponerse a este sistema debe aprender a trabajar a escala europea. Si tomamos solo el caso de Europa, nos encontramos ante una situación que desafía a la imaginación. Por un lado, se ha atajado la crisis financiera (parcialmente, es cierto) gracias a las cuantiosas ayudas que los Estados europeos han aportado a las instituciones bancarias, y sin que estas estuvieran realmente obligadas a revelar el estado de sus activos y la naturaleza de los productos derivados. En cambio, la Comisión de Bruselas, después de haber actuado con pasividad en la crisis financiera, ha recuperado su papel de guardiana del dogma ultraliberal esgrimiendo las exigencias del Pacto de Estabilidad, que impone a los Estados unas reducciones drásticas de los déficits públicos. Lo cual significa que los impuestos de los ciudadanos deben servir no solo para financiar los bancos, sino también para salvar a los Estados de las amenazas de Bruselas.

Durante este tiempo, Grecia se ha desmoronado y España, Irlanda y Portugal se encuentran en una dramática situación en cuanto a la deuda y a las finanzas públicas. Pero una vez más son los ciudadanos quienes deben pagar el grueso de la factura. Se reducirán sus derechos sociales siempre en función de un único parámetro: disminuir las rentas de trabajo para mantener las de capital. Es la filosofía política que predomina en todos los partidos conservadores, a la cabeza de los cuales está la Alemania de la señora Merkel. Filosofía que ahora se ha impuesto brutalmente a los tres Gobiernos socialdemócratas del sur de Europa (España, Portugal, Grecia). Y, teniendo en cuenta la relación de fuerzas en Europa, estos últimos no pueden sino someterse a estos mandamientos, cuando no son ellos mismos partidarios.

Pero lo más grave es ver cómo se extiende la impotencia de la izquierda europea. Podíamos haber esperado, por ejemplo, una iniciativa común de los sindicatos europeos, una acción coordinada, aunque hubiera sido simbólica, para reafirmar la solidaridad de condición de los asalariados y desempleados ante las duras restricciones que padecen. Pero nada. Podíamos haber esperado que los intelectuales de izquierda se lanzaran a la batalla. Pero nada. Impera el silencio. Es el grado cero de la izquierda política e intelectual europea.

Y, sin embargo, la crisis es la gran oportunidad para reafirmar esta solidaridad, ya que el capitalismo financiero acaba de demostrar una vez más que no tiene patria, sino solo intereses, que son los de las grandes empresas multinacionales. Enfrente tiene a ciudadanos incapaces de organizarse a la misma escala, a sindicatos que huyen en espantada, pero incapaces de unificar su resistencia legítima, y a partidos políticos de izquierdas totalmente apáticos. En Alemania, el SPD critica con razón las medidas antisociales de Merkel, pero su programa es de una confusa ambigüedad sobre lo que podría ser una respuesta a la crisis. Se abstiene de defender una recuperación global y evita enfrentarse a la canciller sobre la política del euro fuerte y del incentivo al ahorro, que castigan hoy la recuperación europea. En Reino Unido, el Partido Laborista está aniquilado, su programa se parece como una gota de agua al del partido del actual Gobierno conservador. En Francia, el Partido Socialista sigue en la inopia, no propone ninguna seria alternativa socioeconómica al Gobierno. Sabíamos que la crisis de la izquierda era profunda. Ahora sabemos que es trágica.

Pero también sabemos que la crisis económica no se resolverá rápidamente, y que nos esperan días difíciles. Ha llegado la hora de que la izquierda europea se recomponga y sobre todo que haga propuestas que no sean solo insustanciales y tímidas adaptaciones a las medidas tomadas por los grandes centros financieros. Propuestas realistas y socialmente progresistas para modernizar las relaciones sociales y convertirse en una alternativa creíble, movilizadora, frente a las derivas de un sistema económico exclusivamente dedicado al culto del beneficio y de la especulación financiera. Si la izquierda europea quiere oponerse de verdad a este sistema globalizado que ha logrado dividir como nunca a los asalariados, debe aprender a trabajar y actuar solidariamente a escala europea.

Sami Naïr  (Traducción de M. Sampons)  -  El País  -  17/07/2010

10.7.10

Per uns Verds d'esquerra, per una Esquerra verda

Els Verds e Iniciativa d´Esquerres inician su fusión

10/07/2010 EFE. PALMA. Els Verds de Mallorca e Iniciativa d'Esquerres, grupo escindido de Esquerra Unida que lideran la consellera de Asuntos Sociales, Fina Santiago, y David Abril, han acordado hoy iniciar un proceso para fusionarse en un solo partido, algo que podría suceder el próximo otoño.

Las ejecutivas de ambos partidos se han reunido esta mañana en el Centro Cultural de Can Alcover de Palma para poner en común ideas y opiniones, con el objetivo de colaborar en la creación de un nuevo partido político ecologista y de "izquierda alternativa", según informan ambos en un comunicado.

Durante el encuentro de hoy, se ha marcado un calendario de reuniones entre los miembros de los dos partidos con la finalidad de que durante el próximo otoño se celebre una asamblea donde se podría producir la fusión.

Los partidos indican que "mucha gente se puede sentir identificada" con este nuevo partido, en especial aquélla "que se encuentra perdida dentro un mundo capitalista depredador, tanto con los derechos de las personas como con el medio ambiente".

Las ejecutivas de los partidos han firmado un documento titulado "Por unos verdes de izquierda, por una izquierda verde", en el que expresan sus puntos de acuerdo en temas como la ecología, la economía, el nacionalismo y la corrupción política.

En cuanto a la ecología, el documento indica, entre otras cosas, que la condición de Mallorca de territorio insular "hace particularmente visible la contradicción entre crecimiento ilimitado y limitación de los recursos" y que, por ello, se debe exigir que se refuercen las políticas de contención urbanística y de protección de espacios naturales.

En el aspecto económico, defiende los servicios públicos y el trabajo digno, así como un modelo productivo que se base "en la reconciliación entre la actividad humana y el entorno".

Ante la crisis económica actual, apuesta por un mayor control de las instituciones y mercados financieros para evitar la "vulnerabilidad de millones de ciudadanos".

"Las recetas ortodoxas de más precariedad laboral y menos servicios públicos deben ser contestadas desde una oposición crítica y consciente de la situación, pero capaz de afirmar las prioridades de la democracia y la igualdad de oportunidades", apunta el texto.

En el ámbito del nacionalismo, ambos partidos apuestan por "fomentar un sentimiento de identidad que vaya más allá de la procedencia y que haga de la lengua catalana uno de sus elementos básicos de articulación".
"La idea de un encaje en una España plural está resultando socavada por la involución que se está imponiendo desde las diferentes instituciones (y desde las instancias de poder y mediáticas) del Estado central", explica el documento.

El texto añade que "es necesario afirmar que las Islas Baleares tiene también una identidad nacional propia, que no pueden renunciar a profundizar en el autogobierno y que cualquier forma de convivencia se debe basar en el libre derecho de las partes a decidir sobre su propio futuro".

Respecto a la corrupción, incide en el "desprestigio" de la política, ante lo que aboga por poner medidas para conseguir una mayor transparencia y control de la actividad política.

9.6.10

La necessària reforma electoral

Sistema electoral: ¿gobernabilidad o fraude?

PSOE y PP, con apoyo de los nacionalistas, quieren dar carpetazo a una reforma que establezca en España la igualdad del voto. El sistema actual, bipartidista y conservador, es manifiestamente discriminatorio



Para preocupación y escándalo de los ciudadanos, la subcomisión parlamentaria para la Reforma Electoral -creada en 2008, pero con numerosas interrupciones en lo que debió ser su normal desarrollo- pretende dar carpetazo definitivo a la demanda de recuperar el principio democrático de una persona, un voto, histórica e infructuosamente reclamado desde hace más de dos décadas por Izquierda Unida (IU), incluso por Jordi Solé Tura durante la propia ponencia que redactó originalmente la ley. Los objetivos últimos del vigente sistema electoral, con clara vocación bipartidista y conservadora, se han ido reforzando a través de factores internos y externos a lo largo de la experiencia democrática. El repetido efecto de gota malaya en las sucesivas elecciones ya celebradas ha servido también para redirigir las consecuencias del voto útil como elemento disuasorio frente al apoyo de potenciales electores hacia otras fuerzas políticas de ámbito estatal, como es el caso de IU, más allá de los dos partidos mayoritarios. 

Cabe recordar brevemente que este modelo electoral tuvo su origen en las postrimerías del franquismo como uno de los condicionantes del consenso constitucional, junto al mantenimiento del Concordato con el Estado Vaticano en relación a los límites de la aconfesionalidad del Estado, y en consonancia con las limitaciones al federalismo y el blindaje de la forma de Estado como monarquía constitucional o parlamentaria. Su finalidad principal fue desde el principio favorecer la gobernabilidad, aun a costa del principio representativo y de la proporcionalidad. Se prima mediante diversas fórmulas a dos formaciones mayoritarias en detrimento del resto de fuerzas estatales, aceptando de hecho un "bipartidismo imperfecto" que permite la convivencia con formaciones nacionalistas. Estas, si bien no se benefician directamente del sistema, tampoco se ven perjudicadas por él y perpetúan así su vocación de partidos bisagra de cara a la gobernabilidad.

Ciertos teóricos aplauden la eficacia de este modelo no solo por facilitar la formación de mayorías absolutas sino por hacerlo también a gobiernos en minoría que no necesitan de coaliciones estables. La cuestión es que un sistema que prima de manera abusiva la gobernabilidad sobre la representatividad pasa a ser un sistema mayoritario (no proporcional) y reduce al mínimo el espacio del juego parlamentario en la configuración del Gobierno. A menudo, estos teóricos son los mismos que tachan a las minorías de ámbito estatal como marginales, insultando así a sus votantes y despreciando uno de los principios del pluralismo político, del que demuestran tener una visión muy corta.
Determinados componentes técnicos en las reglas del nuevo juego democrático ya marcaban de antemano la búsqueda por perpetuar el predominio conservador. La atribución de dos escaños como mínimo por provincia, independientemente del número total de habitantes de cada una -priman las hectáreas, no los ciudadanos-, en la práctica impone una ventaja de partida a la derecha de más de una decena de escaños, incrementando la representatividad parcial de determinadas circunscripciones con una distribución sociopolítica del electorado muy definida.

Para responder a quienes creen que la no modificación del sistema electoral perpetúa unas reglas del juego que son neutras basta con que conozcan que el importante aumento en la última década del censo poblacional de algunas provincias por efecto de la inmigración -o que luego no se traslada en aumento de censo electoral- ha provocado un vuelco de la representación, reduciendo drásticamente las posibilidades de fuerzas como IU, con clara implantación y mayor porcentaje de votos en zonas urbanas industrializadas -Asturias, Vizcaya o algunas capitales andaluzas-, que ven bajar su número de escaños a favor de otras zonas como Levante.

Se ha impuesto en la práctica un sistema mayoritario, no proporcional, que lleva a que mientras al PSOE o al PP les cuesta lograr un escaño una media de entre 60.000 y 65.000 votos, esta cifra se tenga que multiplicar por siete u ocho para cada diputado de IU, que necesita del apoyo de más de 465.000 electores para ocupar una plaza en el Congreso, eso sin contar con los posteriores problemas de porcentaje para poder formar grupo parlamentario propio. Este bipartidismo inducido se ha ampliado geométricamente como consecuencia de la polarización política y del alineamiento mediático que han venido caracterizando a la política de consumo que se corresponde con el modelo económico neoliberal predominante, acentuándose este proceso en la última década.

La ofensiva de la derecha contra las conquistas del Estado social y democrático de derecho y la renuncia socialdemócrata a la defensa de sus principios, es decir, la convergencia política neoliberal, han venido acompañadas de la polarización y la sobreactuación en términos excluyentes a lo largo de la alternancia de gobiernos de PSOE y PP. También se ha producido un cambio trascendental en buena parte de los medios de comunicación, con un predominio asfixiante del conservadurismo político, la concentración e internacionalización de sus accionistas y la pretensión de convertirse en algo más que el denominado Cuarto Poder, al alimón con el poder económico, como fuerzas determinantes de la sociedad de consumo de masas.

En suma, la anomalía que supone que la tercera fuerza política del Estado en número de votos se convierta en la sexta en número de diputados merced al carácter mayoritario y no proporcional del sistema electoral en la mayoría de circunscripciones se ha convertido en un escándalo democrático, no sin cierta hipocresía por parte de las fuerzas políticas directa o indirectamente beneficiadas.
Las elecciones de 2004 marcaron un punto de inflexión que motivó el compromiso del candidato del PSOE de promover, ya entonces, la reforma electoral. Pero no fue posible emprenderla en esa legislatura debido al veto de la derecha y de los nacionalistas, contrarios a crear una subcomisión parlamentaria. La legislatura 2008-2012 comenzó de nuevo con la impresión de que la reforma electoral era inevitable. Debido a las presiones de IU, entre otras razones, esta vez sí se pudo crear esa subcomisión, pero da la impresión de que la estrategia de los partidos mayoritarios, con el apoyo de los grupos nacionalistas, quiere dar de nuevo al traste con una prioridad de primer orden para acabar con el fraude democrático existente.

Lo que reclamamos simplemente es que se recupere el carácter proporcional y representativo de nuestro sistema político, en absoluto un sistema electoral a la carta como tratan algunos de hacer ver de forma interesada y torticera. Para lograrlo, dentro de las variadas propuestas que hemos presentado -la inmensa mayoría avaladas en el completo informe del Consejo de Estado hecho a petición del propio Gobierno- no sería necesaria siquiera la tan manida reforma constitucional. Está claro que una reforma perfecta pasaría porque la circunscripción dejara de ser la provincia y lo pasara a ser la comunidad autónoma o que se incrementara, de acuerdo con la evolución demográfica, a 400 el número de diputados, algo que ya está contemplado por la Constitución. Pero una reforma de la actual Ley Orgánica Electoral también puede contemplar pasar de dos a uno el número de diputados fijo por provincia, con lo que se liberarían 50 escaños. Estos servirían, o bien para repartirlos entre las circunscripciones con mayor población, en las que ahora se rompe la proporcionalidad al multiplicarse el número de votos necesario para lograr un diputado, o bien para crear un "fondo estatal de votos" -construido a partir de todos los sufragios sobrantes tras el reparto del último escaño en cada provincia- a través del cual asignar esos 50 escaños liberados.

Todo ello se completaría por la sustitución de la aplastante Ley D'Hondt, creada para primar a las dos opciones más votadas y crear mayorías estables a costa de las formaciones minoritarias, por otra forma de cálculo, y existen varias, que respete más la proporcionalidad de los votos.

Si prevalece este fraude electoral con argumentos como el de propiciar la gobernabilidad, no solo quedará cuestionada la representatividad de nuestro sistema democrático sino que se consagrará de hecho como un fraude a la Constitución.




Gaspar Llamazares es portavoz parlamentario de IU y ponente en la subcomisión parlamentaria para la Reforma Electoral


El País. 07/06/2010